Venezolanos y la percepción de riqueza

He realizado una encuesta entre extranjeros y venezolanos sobre cuán rico o pobre piensan que es Venezuela.

Han participado unas cien personas (algunas por Internet y otras de manera personal).

Aquí tienen los resultados. Se percibe de manera clara cómo los venezolanos son más positivos con respecto a la riqueza del país.

























Hay diversas razones posibles para esta diferencia. En primer lugar, uno puede decir que la riqueza es hasta cierto punto relativa y la percepción será diferente si uno es noruego o venezolano.

También uno puede pensar que el patriotismo o algo parecido tiene algo que ver con esto: las personas con frecuencia tienen un deseo particularmente fuerte de ver que su país tenga potencial. Esto los mueve, de una u otra manera, a ver una riqueza que otros -con o sin razón- no ven.

Uno puede pensar que esos extranjeros no conocen realmente Venezuela. ¿De qué extranjeros se trata, de todas formas? Yo mismo no conozco a todos los que respondieron, pero me consta que muchos han ido con frecuencia a Venezuela y unos cuantos son economistas y otros profesionales que conocen muy bien la economía del país. Otros son meros visitantes.

Si vemos la lista de países ordenados por PIB per capita (en paridad de poder adquisitivo), notaremos que Venezuela ocupa el sexuagésimo sexto puesto. En América Latina, Argentina, México, Chile, Uruguay y Panamá tenían un mejor nivel. Esa lista usa datos algo viejos y para Venezuela la referencia es de 2007. Es probable que ahora haya bajado un par de peldaños más, pese a que el país sigue disfrutando de los más altos precios por su petróleo en su historia.

Venezuela exporta ahora menos productos no petroleros que hace 12 años. Venezuela depende cada vez más del petróleo. Mientras más suba el precio del petróleo, más incentivos tendrán los países no productores en desarrollar fuentes alternativas de combustible. Yo veo con más frecuencia autos eléctricos en Europa. Aun son parte de un segmento muy diminuto, pero hace un tiempo no se veían tantos como ahora. En dos o tres décadas el panoráma va a ser muy diferente. Seguirá usándose gasolina, pero se habrá llegado a un proceso de cambio definitivo de fuentes de energía.

Los venezolanos tienen que abrir los ojos de una vez por todas. Suiza o Alemania no tienen petróleo, pero son prósperas. La clave está en el nivel educativo del los ciudadanos promedios de esos países y en su productividad. El nivel educativo no se mide con el nombre del título sino con la calidad real de la educación de cada ciudadano. Los alumnos venezolanos se encuentran entre los peor preparados de toda América. La productividad no se mide necesariamente con el número de horas pro forma que trabajan sino con lo que producen por unidad de tiempo.

Los venezolanos hoy en día siguen pensando que están en el Dorado. Durante siglos sospechaban que el oro estaba en alguna parte, que alguien lo ocultaba. Cuando llegó el petróleo pensaron que lo habían descubierto finalmente y que solo había que buscar la manera de distribuirlo de manera adecuada. Y aun hoy en día la gente sigue pensando en eso: tenemos suficiente, solo hay que redistribuir las cosas de mejor manera. Y esa gente usa computadoras que no produce (pese a lo que diga el gobierno) y ve televisión en aparatos que vinieron de China y bebe leche que vino de Europa y se viste con ropa del mundo entero, salvo de Venezuela. Ahora esa gente hasta importa café de Nicaragua o Colombia.

A decir verdad, el precio real del petróleo no va a subir mucho más que hoy en día. Hoy hay casi treinta millones de personas en Venezuela. En 1970 había 10 millones. Venezuela tiene una de las tasas de natalidad más altas de Suramérica.

Es hora de que los venezolanos despierten. El país solo será realmente rico no cuando todos tengan un título universitario o cuando finalmente se obtenga la fórmula mágica para distribuir el petróleo que tenemos. El país será solamente rico cuando el ciudadano promedio tenga un nivel educativo real bueno y cuando produzca con sus manos y su cerebro tanto como el ciudadano promedio en otro país.

Mientras tanto, Venezuela es un país ni rico ni pobre que se va empobreciendo poco a poco porque los ciudadanos piensan que pueden vivir eternamente de una lotería llamada petróleo.

No tengo esperanza de que políticos venezolanos les digan la verdad a mis compatriotas. Todos ellos verían una confesión semejante como un acto de suicidio. Pero sí espero que haya otros venezolanos que decidan discutir más sobre este punto de nuestro presente y de nuestro futuro. Es la única manera que tenemos de transformar el país y llevarlo a un desarrollo sostenible real.