Los venezolanos prefieren dar subvenciones a los más ricos que recursos a los pobres. Lo curioso es que esta es la actitud no solo de los venezolanos ricos sino de los más afectados: la gasolina se vende por una fracción del costo de procesamiento. Apenas una minoría muy pequeña se parece haber dado cuenta de que uno de los gastos principales del Estado venezolano es procesar la gasolina que usan los vehículos en el país.
En Nigeria el nuevo presidente ha decidido aumentar el precio del petróleo. Es curioso que en Venezuela desde que Chávez está en el poder los precios se han mantenido congelados como nunca antes, aunque Chávez mismo dijo en dos ocasiones, con mucha cautela, que esto no era justo. Aparentemente, aun teme convertirse en el nuevo Carlos Andrés Pérez. Aunque ya ha hecho mucho más daño que ese politico, la gente no lo percibe así: los venezolanos viven en el hic et nunc y la mayoría no ve las oportunidades perdidas, lo robado. Ve solo los mendrugos que recibe hoy.
La mayoría de los venezolanos razonan de esta manera:
"tenemos mucho petróleo, por lo que el Estado puede regalarlo a sus ciudadanos."
Con esto, el venezolano desconoce dos elementos básicos:
- que el petróleo no se transforma por magia en gasolina o diesel (el gobierno no solo regala el petróleo, sino que paga por convertirlo en gasolina) y
- que cada barril que no exportamos es un montón de dólares que dejamos de recibir y que no podremos invertir en educación, en industrialización, en vialidad, en seguridad, en mil otras cosas.
Actualmente el litro de gasolina en Venezuela se vende por el equivalente de $0,023. En realidad el precio es mucho menor a eso, ya que el bolívar está sobrevaluado. En Nigeria es de $0,87. En Colombia es de $1,09. En Brasil es de $1,53. Los venezolanos se parecen mucho a los nigerianos, que hasta ahora se han
opuesto a un aumento porque no ven otra alternativa. No ven más allá de sus narices: "si aumentan la gasolina, aumentan los precios del transporte público." Esto no debe ser así.
Alguien en Venezuela debería tener el valor de explicar una y otra vez de manera clara cuál es el precio que estamos pagando por nuestro subdesarrollo.