Todo al revés: Venezuela, el pueblo parásito



Algo que siempre me pareció curioso es el significado de las palabras "invierno" y "verano" para los venezolanos. Aunque Venezuela se halla en el hemisferio septentrional, los venezolanos casi siempre hablan de verano en el período más frío y de noches más largas y de invierno en el período más caluroso. Lo que pasa es que los venezolanos asocian "invierno" con "ese tiempo cuando cae algo del cielo".

Eso es solo algo curioso. Lo que no es curioso sino triste es cómo los venezolanos han llegado a remodelar el concepto asociado a la palabra "subvención". En el resto del mundo, una subvención es una ayuda del gobierno a las empresas nacionales para que sean más competitivas, produzcan empleos y así motiven la economía propia. En Venezuela el estado petrolero, la ineptitud chavista y el deseo de Hugo de controlar todo han llevado a que la gente entienda esa palabra por "lo que hace el estado para favorecer a industrias extranjeras".

Hugo se enojó con el gobierno de Colombia y por eso trata de reemplazar las importaciones de ese país con otras de Argentina, aunque esto sea mucho más engorroso. No solo esto: el chavismo firmó 22 acuerdos para favorecer a empresas argentinas pero nada para las empresas venezolanas exportadoras. La razón es simple: Hugo y sus empleados quieren ante todo mantenerse en el poder con el control exclusivo de la única fuente notable de divisas: la industria petrolera. Si Hugo dejase que la economía venezolana prosperase, disminuiría su poder.

Es preferible que los venezolanos sigan siendo parásitos a que sean prósperos productores.
Ya Úslar Pietri nos advertía del parasitismo al que habíamos llegado en la década de los treinta del siglo pasado, pero ahora hemos llegado a un nuevo nivel. Ahora el Estado ni siquiera guarda las apariencias: rápido, rápido, a controlar todo, no importa que la economía de Venezuela se vaya al demonio.