Alexander von Humboldt explora Venezuela: 3

Viene de aquí.




El barco con Alexander von Humboldt, Bonpland y los demás tripulantes llegó a primeras horas del 16 de julio de 1799 al puerto, pero tuvieron que esperar varias horas hasta que llegara el inspector de puertos. Humboldt, como incontables otros europeos que llegan a tierras equinocciales por primera vez, admiraba los cocotales que había en el puerto de Cumaná, los caparis, las mimosas. En su dario describió el azul perfecto del cielo, los alcatraces, los flamencos y el verdor de la vegetación tropical.

En aquel entonces Cumaná era la capital de Nueva Andalusía y estaba a 4,5 kilómetros del muelle al que se llegaba por el banco del río Manzanares.

Al desembarcar pasaron primero por un terreno llamado El Salado (37°,7 midió Humboldt).

La primera planta que cataloguizaron de las miles que examinaron en América fue un tipo de manglar.

El indígena que sería el guía de Humboldt y Bonpland los condujo por su jardín, que para el alemán parecía más un bosque que un jardín, y les mostró árboles como la ceiba y la guama.

La entrada de Cumaná estaba constituida por un poblado de guaiqueríes (como vivos, estaban emparentados y hablaban un dialecto del warao) con calles derechas como en la Península Ibérica - y diferente a la Alemania de Humboldt - y casas pequeñas pero muy bien hechas. Esa parte había sido reconstruida recientemente tras un terremoto que había destruido toda la zona en 1897. Al pasar un puente de madera sobre el Manzanares, donde había bavas, se encontraron con ruinas de ese terremoto y nuevos edificios.

Humboldt y Bonpland fueron recibidos por Vicente Emparan, el mismo vasco que sería el gobernador de la capitanía general unos años después. Emparan había sido capitán de la marina y era en ese momento Administrador de Portobello y Cumaná. Humboldt cuenta que los hermanos de Emparan habían sido también capitanes de barco en la marina y que en la guerra contra Inglaterra habían confundido al barco del otro por un navío inglés, por lo que comenzaron a luchar. Solo poco antes de hundirse mutuamente y morir, los hermanos reconocieron que habían estado combatiendo entre hermanos. Apenas un grupo de marineros pudo salvarse.

Humboldt y Bonpland habían decidido cambiar de planes tras ver aquella epidemia y viajar un tiempo por Venezuela. Emparan se alegró de ello, en especial porque sabía que se sabía muy poco de Venezuela en Europa en aquel entonces. Les mostró, entre otras cosas, algodones teñidos con plantas de Venezuela y muebles hechos de las bellas maderas locales. Emparan resultó ser un hombre muy interesado por las ciencias y les hizo mil preguntas sobre la composición del aire, del oxígeno, sobre higrometros..Emparan resultaría un gran facilitador del viaje.

En la tarde desembarcaron todos los instrumentos que habían traido, ninguno de los cuales se había dañado.

Alquilaron una casa grande que estaba en buena posición para hacer observaciones astronómicas. Disfrutaron del viento del sur. Se asombraron que las ventanas no tenían ni siquiera papel, que servía de vidrio en otras casas de Cumaná.

Entre los enfermos que desembarcaron en Cumaná se encontraba un esclavo africano de dieciocho años, nacido en Guinea, que murió a los pocos días pese a los cuidados que le daba su amo, un septuagenario español que quería volver a California. Habían estado viviendo en Castilla y, pensaba Humboldt, el tiempo allí había "desaclimatizado" al negro a las enfermedades del Trópico.

Humboldt notó en los alrededores de Cumaná un cactus que se endurecía tanto con los años que los guaiqueríes lo usaban para fabricar sus remos y los quicios de las puertas.

El castillo de San Antonio estaba al oeste en un cerro. Humboldt notó que los ingenieros españoles hacían crecer tunas en zonas estratégicas y colocaban caimanes en los canales como protección extra. Su labor de estudiar a Venezuela no paraba día o noche.

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Cumana en 1860