Alexander von Humboldt explora Venezuela: 4


Viene de aquí




Humboldt permaneció varias semanas en Cumaná y los alrededores. En sus escritos describe con detalle las hipótesis que científicos y gente del pueblo tenía en aquella época sobre las causas de los numerosos terremotos en la zona. Se refiere a los terremotos de 1530, a diversos terremotos en los siglos XVI, XVII y XVIII de los que ya no había escritos porque no se guardaban grandes crónicas en Venezuelas y las pocas que se habían guardado habían sido destruidas por las termitas y al gran terremoto e 1766, cuando Cumaná quedó en ruinas. El último terremoto mayor, el de 1797, había vuelto a destruir la ciudad. Aunque en el siglo XXI las construcciones son mucho más fuertes y resisten movimientos sísmicos importantes, sería interesante para nosotros saber si estamos ante un período de menor actividad o si estamos saliendo de él. Eso es algo que Humboldt ya se planteaba.










pescadores tradicionales llegando a Cumaná







El alemán escribe que tras el terremoto del 97 se habían producido cambios importantes en el relieve de la zona: la Punta Delgada, en el Oeste de Cariaco, se hizo mucho más grande y en el "pueblo" Maturín apareció una peña donde no había sino una planicie. Humboldt se extiende en su relato para describir cómo la zona de la Península de Araya gozaba de una calma relativa, pero que en 1797 se vio afectada tanto como Cumaná y que cuando él estuvo en la zona en Araya, en el pueblo de Manicuare había de manera permanente temblores cuando en Cumaná reinaba una tranquilidad absoluta.

Durante los primeros días Bonpland y Humboldt tuvieron dificultad en realizar trabajos científicos porque los vecinos los visitaban constantemente para ver los instrumentos que habían traído y pedían vez tras vez que les mostrasen experimentos, querían una y otra vez ver las manchas solares a través de un Dollond o el movimiento de una pata de rana por electricidad o hacer las preguntas más extrañas que podían imaginarse los europeos. Fue algo que tuvieron que hacer durante los cinco años que duró su expedición por América. Un grupo, los semi-instruidos, veían a Humboldt y a Bompland con desprecio cuando oían que entre los libros de los europeos no se hallaban el best-seller spectacle de la nature vom Abbé Pluche ni cours de physique de Sigand la Fond, ni el diccionario de Valmont de Bomare. Se pensaba que instruido era solo quien podía citar de memoria de estos libros.

Humboldt dice que aunque la casa que alquilaban era muy buena para las observaciones astronómicas y de la metereología, estaba cerca de un mercado de esclavos. Humboldt escribe:

"de día teníamos que ver a veces algo que nos llenaba de indignación. La Plaza Mayor está rodeada en parte por arcos sobre los que hay una larga galería de madera como existen en todos los países cálidos. Aquí vendían a los negros que venían de la costa africana. De todos los gobiernos europeos solo Dinamarca había sido la primera y única nación en haber abolido el tráfico de esclavos y sin embargo los primeros esclavos que vimos presentados allí habían llegado en un barco negrero danés. El bajo egoísmo que está en contradicción con el deber humano, con el honor nacional y con las leyes de la patria no se deja molestar en su especulación."





En Bahía, siglo XIX







Humboldt prosigue:

"Los negros sometidos a la venta eran jóvenes personas de entre 15 y 20 años. Cada mañana les daban aceite de coco para que se frotasen el cuerpo e hiciesen que la negra piel les brillase. A cada momento aparecían compradores y estimaban por los dientes la edad y la salud de los esclavos; les abrían la boca como ocurre en un mercado de caballos. Esta costumbre deshonrosa ya existía en África, como muestra el fiel retrato que escribe Cervantes tras largo cautiverio con los moros en una de sus obras teatrales [Los tratos de Argel.], sobre la venta de esclavos cristianos en Argelia. Es un pensamiento indignante que aun hoy día en las Antillas haya colonos españoles que marcan a sus esclavos con hierro fundido para volverlos a reconocer si se escapan. Así los humanos tratan a otros humanos que les ahorran el trabajo de sembrar, labrar y cosechar [La Bruyère, Charactères cap. XI.]."

Humboldt menciona que aun así, en Suramérica había pocos esclavos en comparación con las Antillas. En 1800 en las Provincias de Cumana y Barcelona había no más de seis mil en una población de 110000 habitantes. Pero estas zonas habían sufrido la esclavitud de los indios en siglos anteriores. "Macarapan, antiguamente llamada Amaracapana, Cumana, Araya y en especial Nueva Cadiz en la isla de Cubagua, eran centros del comercio de esclavos. Girolamo Benzoni de Milán, que llegó a Tierra Firme cuando tenía 22 años, realizó en 1542 correrías en las costas de Bordones, Cariaco y Paria para secuestrar a los infelices nativos. Cuenta de manera muy ingenua y con un sentimiento que rara vez aparece en los cronistas de ese tiempo sobre las crueldades que presenció. Vio llevar a esclavos a Nueva Cadiz, donde eran marcados en la frente y en los brazos con hierro fundido y los oficiales de la corona cobraban el Quinto de los indios. De este puerto eran llevados a Haití o a Santo Domingo, después de que habían cambiado varias veces de dueño no porque hubiesen sido vendidos, sino porque los soldados los ganaban o perdían en juegos de dados."