Alexander von Humboldt explora Venezuela: 7

Viene de aquí. Empieza aquí.
















Al día siguiente, Alexander von Humboldt y Bonpland vieron que la choza donde habían pasado la noche en Araya era parte de un grupo de pequeñas casas a orilla del lago de sal. Eran los restos de un pueblo grande que se había constituido en torno al castillo ahora destruido. En la arena y entre el monte se alzaban las ruinas de una iglesia. Después de que el castillo de Araya hubiera sido destruido en 1762 para evitar los gastos de mantenimiento, se habían establecido progresivamente en Manicuare, o Maniquiare, como escribió Humboldt, un grupo de indios y mestizos de la ciudadela de Cumaná y de Cariaco. Vivían de la pesca, muy abundante en esa zona en 1799, y parecían conformes con su situación. Cuando Humboldt les preguntó porqué no cultivaban jardines, estos le respondieron: "nuestros jardines están del otro lado del estrecho: llevamos pescado a Cumaná y obtenemos a cambio cambures, cocos y yuca". Humboldt escribe: "este tipo de economía, buena para la pereza, es el uso en Maniquiarez y toda la península de Araya. La riqueza principal de los habitantes está representada por los chivos, que son muy grandes y bonitos. Corren libres como los chicos en el Pico de Tenerife; viven de manera totalmente salvaje"...Humboldt notó que cuando un colono disparaba a un chivo que no era suyo, se lo llevaba de inmediato a quien le pertenecía. "Durante dos días oímos de una bajeza que ocurría rara vez: que un habitante de Maniquiarez había perdido una cabra y que posiblemente una familia de la zona la había tomado para sí. Semejantes gestos que hablan de una gran pureza de costumbres en el pueblo son también muy frecuentes en Nuevo México, en Canadá y en las tierras al oeste de las Aleghanys".

Traduzco el resto de esta parte:

"Entre los morenos cuyas chozas se hallan alrededor del mar de sal había un zapatero de sangre castellana. Nos recibió con la seriedad y autocomplacencia que en estas regiones suelen ser propias de casi todas las personas que se creen particularmente dotadas. Estaba tensando la cuerda de su arco y sacando puntas a flechas para dispararles a los pájaros. Su profesión de zapatero no podía darle mucho en un país donde la mayoría de la gente anda descalza. Se quejaba porque la pólvora europea fuera tan cara y que un hombre como él tuviese que usar las mismas armas que los indígenas. El hombre era el oráculo instruido del pueblo; sabía cómo se formaba la sal por influencia del sol y de la luna llena, conocía los agüeros de los terremotos, las indicaciones de presencia de oro y plata en el suelo y las plantas medicinales que él, como todos los colonos de Chile a California, dividía en calientes y frios (exitadores o debilitadores, esténicos o asténicos según el sistema de Brown). Había compilado los relatos históricos de la región y nos proporcionó informaciones interesantes sobre las perlas de Cubagua, un artículo de lujo que trataba de manera muy menospreciante. Para mostrarnos cuánto sabía de la escritura sagrada, citó satisfecho el dicho de Job de que la sabiduría debía ser tenida en más valor que las perlas. Su filosofía no iba más allá del estrecho círculo de las necesidades vitales. Un sencillo burro que pudiese llevar un buen cargamento de cambures era el más alto de todos sus deseos.

Después de un largo discurso sobre la vanidad de la arrogancia humana, sacó de una bolsa de cuero perlas muy pequeñas y oscuras e insistió en que las tomásemos. Al mismo tiempo nos dijo que escribiésemos en nuestras notas que un pobre zapatero de Araya, pero un hombre blanco y de noble sangre castellana nos había podido regalar algo que allende el mar se consideraba como una prenda de lujo. Con algo de tardanza cumplo con la promesa que le hice al buen hombre y me alegra poder decir que su desinterés no le permitía recibir nada a cambio. La costa de las perlas luce tan miserable como la "Tierra del Oro y Diamantes" de Choco y Brasil, pero la pobreza no está acompañada aquí por la codicia sin límites producida por las riquezas del reino mineral"

Si Humboldt supiese lo que ocurrió en Venezuela un siglo y pico después...

En la siguiente entrada sobre Humboldt en Venezuela hablaremos más de las perlas antes, en tiempo de y tras Humboldt.